Mi historia
Perdí la visión de mi ojo izquierdo… y con ella descubrí un mundo de barreras que antes no veía. Algunas eran físicas. Otras mentales. Y muchas, laborales.
Me dedicaba a un trabajo “normal”, con una rutina exigente y una carga que fue creciendo con el tiempo. Empecé a sentir que se me pedía más de lo que era sostenible, y que mi bienestar quedaba en segundo plano. Intenté poner límites y explicar que así no podía seguir, pero no siempre encontramos comprensión cuando más la necesitamos.
Esa etapa me pasó factura. Entre el estrés y la presión constante, mi salud se resintió y mi visión cambió para siempre. Aun así, lo más duro no fue solo lo físico: fue tener que justificarme, adaptarme a toda velocidad y seguir adelante como si nada, en un mundo que muchas veces no sabe mirar más allá de lo evidente.
Cuando tu salud se rompe, ya no se trata solo de aguantar: se trata de sobrevivir. Y lo más duro no fue únicamente la pérdida de visión. Fue lo que vino después: no tener un reconocimiento real (solo me dieron un 5% de discapacidad), tener que ir más lenta en los trabajos, sentir que no lo entendían, y vivir con el miedo constante de perder el otro ojo. A todo eso se sumaron migrañas crónicas que todavía arrastro.
Y aun así, aquí viene lo importante: un día me levanté y me dije una frase que me cambió el rumbo: “Haz algo tú”.
De la supervivencia a la misión
Inclusión nació como un reto personal de superación, pero muy pronto se convirtió en mi misión: dar valor y voz a las discapacidades invisibles y visibles. Porque entendí algo clave: la falta de comprensión casi siempre nace de la falta de información. Y esa ignorancia se traduce en juicios, incomodidad y barreras.
Yo no quería que mi historia se quedara en una mala experiencia. Quería que sirviera para algo. Quería demostrar —a mí misma y al mundo— que una persona con discapacidad puede hacer cosas igual que cualquiera: quizá con más tiempo, con otra forma, con otra perspectiva… pero con la misma dignidad.
Por eso empecé a construir una marca que no se queda en “ropa bonita”. Es una marca con propósito. Una marca que habla.
¿Qué es inclusión?
Dar voz
Prendas que comunican tus necesidades sin que tengas que decir una palabra.
Educar el entorno
Convertir la moda en una herramienta de empatía y respeto.
Superar barreras
Recordarnos que la discapacidad no define lo que vales, solo cambia el camino.
Porque lo que yo quiero, de verdad, es esto: que nadie tenga que justificarse por ser quien es.
La marca tiene dos líneas: una más “identitaria” (el logo, el símbolo de pertenencia) y otra que para mí es especialmente potente: prendas con mensajes sutiles, bonitos y reivindicativos. Frases que no atacan, pero que abren los ojos. Como decirle al mundo “voy más lento, pero estoy aquí”, sin tener que explicarte.
Cuando un producto no es “un producto”
Aprendí rápido que la gente no compra una taza o una camiseta solo porque sea bonita. Bonito hay mucho. La diferencia la marca el propósito. Cuando lo conectas con una historia, deja de ser “una taza” y se convierte en un gesto: pertenencia, apoyo, visibilidad, respeto.
Yo ya he visto esa magia en pequeño: tengo una comunidad en Facebook de casi 11.000 seguidores, y cuando conté mi historia de forma natural y compartí un enlace, vendí mis primeras 20 tazas. No es una cifra enorme, pero para mí fue una señal clarísima: cuando el mensaje es real, la gente responde.
Lo que quiero construir a partir de aquí
Mi objetivo es sencillo y enorme a la vez: vender lo suficiente para tener un sueldo y sostener el proyecto con dignidad. No busco hacerme rica. Busco vivir de esto y que, además, tenga impacto real.
Y a medida que crezca, mi intención es colaborar con asociaciones y fundaciones, aportar un porcentaje de beneficios en acciones concretas y, ojalá, llegar a un punto en el que parte de la producción (serigrafía, preparación, etc.) se haga con entidades donde trabajen personas con discapacidad. Que Inclusión no solo hable de inclusión: que la practique.
Porque yo sé lo que es sentirse sola. Y si con esto consigo que alguien se sienta visto, entendido o acompañado… habrá merecido la pena.
Viste con mensaje, vive con libertad.